Hoy he asistido a mi segunda clase de spinning. Nos han cambiado al profesor. Hoy la impartía Belcebú. Belcebú es un hombre pequeñito, de mi estatura (1,60 en el sistema métrico nacional de Hobbiton) pero sus brazos y piernas son como mi tronco. Y se mueve sobre la bicicleta con un ritmo tan frenético que a ratos juraría que no le veía, al estilo del diablo de Tasmania de los dibujos. Y hoy nos ha dado la bienvenida con cinco palabras letales: "hoy vamos a meterle caña".
El caso es que he aguantado la segunda clase ligeramente mejor que la primera, por tanto, la evolución es buena. Osea lo que quiero decir es que, si en la primera clase logré subir el culo en dos ocasiones, en esta he logrado subirlo más de seis. Y para celebrarlo, quería dedicarle una entrada a los beneficios innegables del spinning.
El spinning te enseña humildad. Tú entras el primer día y ves a una señora de unos 60 años encima de una bici. Llamémosla a partir de ahora "mi líder espiritual". Y entonces piensas "bueno, esto no puede ser para tanto entonces". Claro, luego 10 minutos después tú estás al borde de la muerte mientras, sin exagerar, tu líder espiritual pedalea como si no hubiera un mañana mientras grita a Belcebú "¡Dame más! ¡Dame más!". Luego ya te cruzas con tu líder espiritual en el vestuario, la felicitas y le comunicas que es tu nuevo ídolo, y encima te enteras de que la entrañable mujer tiene una lesión en la rodilla. Humildad, es lo que he aprendido, sí señor.
El spinning te enseña paciencia. El primer día un chico me dijo que me olvidara de seguir el ritmo durante la primera clase, que él lo consiguió y acabó vomitando. Con esas perspectivas, por una vez en mi vida, he decidido no tratar de ponerme al mismo nivel que los que llevan más tiempo haciendo spinning, asumir mi desventaja e ir tranquilamente a mi ritmo, a pesar de que una chica estaba más ocupada en mirarme con condescendencia en vez de mirar al profe. Me ha parecido bastante absurdo, habría que haberla visto a ella en su primera clase echando el hígado como todo hijo de vecino. Paciencia.
El spinning mejora la memoria. ¿No os pasa a veces que olvidáis lo que habéis comido un día? Bueno, con el spinning lo tienes constantemente presente en tu garganta a partir de los 20 primeros minutos de clase.
El spinning te traslada a un universo paralelo vegetativo y te otorga momentos curiosos. Como el darte cuenta, al salir del gimnasio, de que llevas 10 minutos caminando con el paraguas abierto y la mirada perdida cuando no llueve. O percatarte de que por mucho que mires fijamente la máquina del parking, el PIN de tu tarjeta no se va a meter solo.
El spinning hace que cada vez que suena música "chunda chunda" automáticamente tus rodillas se flexionen.
El spinning te ayuda a que el aspecto físico con el que sales del gimnasio te importe un bledo; estás demasiado concentrada en coordinar a todas tus neuronas para dar un paso detrás de otro.
Inciso: acabo de ver a la derecha al único miembro de mi blog, Lhotse. ¡Qué mona ella ahí tan solita! xDDDD.
"¿Qué es el insomnio?" Te preguntará cualquier asiduo del spinning. Puedes incluso dormir bajo el agua caliente en la ducha. Puedes. Doy fe. De verdad. La doy.
Y el caso es que a pesar de pensar que, si existe el infierno, debe ser muy parecido a una hora de spinning impartida por Belcebú, me he enganchado. Al verme hoy mejor que el otro día, siento curiosidad por ver si alguna vez seré capaz de aguantar la clase al completo, de principio a fin, al ritmo del profesor. Veremos a ver; de momento, ¡¡a seguir disfrutando de estos beneficios!! ;-)
